Análisis

Stacking

Publicado el 29/02/2012. Escrito por . No hay comentarios

Un juego protagonizado por muñecas matrioska, con aspecto de los años veinte o treinta, con grandes semejanzas con el cine mudo y su música; sin acción, sin grandes efectos, tan sólo puzzles… definitivamente pocas compañías fuera del mundo indie se atreverían hoy en día a siquiera plantearse desarrollar un juego así. Por suerte en Double Fine, la empresa de Tim Schaffer y creadores de juegos como Psychonauts o Brütal Legend, están lo suficientemente locos o fumados como para sacar adelante una apuesta tan arriesgada como esta.


En Stacking tomaremos el rol de Charlie Blackmore, el menor de cinco hermanos de una familia humilde. Un día, el padre de Charlie anuncia que encontró trabajo como deshollinador del Barón y se despide de su familia para poder realizar su nuevo empleo. Con el tiempo los Blackmore se hunden poco a poco en las deudas y la pobreza mientras siguen sin tener noticias de su padre, hasta que un día el Barón en persona aparece para reclutar a todos los hermanos como empleados de su empresa. Todos excepto Charlie, a quien desprecian por ser demasiado pequeño para el trabajo.

Usando la habilidad adecuada, tendremos a todos los hombres a nuestros pies.

Charlie, lejos de amedrentarse, decide escapar de casa para rescatar a sus familiares de la esclavitud a la que están siendo sometidos. Pero en efecto es demasiado pequeño, de hecho la matrioska más pequeña del mundo, pero lejos de ser un obstáculo, este hecho se convierte en la mayor herramienta de la que dispone para lograr su objetivo. Su reducido tamaño no le sirve tan sólo para acceder a lugares que otros personajes de mayor tamaño, si no que además le servirá también para poder anidar en otras muñecas.

Y al ir introduciéndose en otros personajes, siempre de un tamaño inmediatamente superior al suyo, podrá manejarlos y hacer uso de sus habilidades. Y aquí es donde radica el poder de Charlie: al manejar otras matrioskas a su antojo podrá hacer acciones como seducir, tirar fotos cegando a los que estén a su alrededor, pintar y un sinfín de posibilidades más. Y haciendo uso de estas capacidades nuestro protagonista tendrá que ir resolviendo los distintos puzzles que se le vayan poniendo por su camino hacia el objetivo de rescatar a sus familiares.

Estos puzzles son variados: unos serán más instructivos como conseguir que sindicalistas negocien para disolver una huelga, o rescatar personajes de diferentes situaciones comprometidas; y otros más destructivos como sabotear distintas actuaciones de un crucero para forzar al capitán a dar la vuelta. Además hay varias formas de resolverlo, entre tres y seis dependiendo del reto, desde la manera más obvia hasta algunas soluciones más rebuscadas.

Charlie se verá obligado a resolver los problemas de los adultos.

Y el juego en sí mismo no ofrece mucho más. Es entretenido, a veces bastante gracioso, y artísticamente una delicia. Sin embargo no nos supondrá devanarnos los sesos para poder terminarlo y resulta bastante corto. Sólo el afán completista que a menudo surge de nuestro interior hará que el título de Double Fine nos ofrezca más horas de entretenimiento, el título nos invitará a resolver los puzzles de todas las formas posibles, a encontrar y anidar en todos los personajes únicos y a realizar una serie de travesuras (golpear otros muñecos, tirarse pedos delante de otra gente y un largo etcétera) para divertirnos un rato extra. Y conseguir logros (o trofeos), claro.

PD: Es gratuíto para usuarios de PSN+

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