Rocket Knight Adventures

Retrovisión: Rocket Knight Adventures

Año 1991, Sonic sale a la venta de la mano de Sega para ser un juego estrella de la Mega Drive. El éxito fue abrumador e instantáneo, lo que llevó a la compañía a hacer varias secuelas y a comenzar a buscar el público pre-adolescente y adolescente en agresivas campañas marcadas por su espíritu malote (Genesis does what Nintendon’t o el mítico Canal Pirata Sega).

Otras compañías no tardarían en subirse al carro, tratando de igualar el éxito del carismático erizo azul con multitud de mascotas nacidas en los años noventa. El resultado fue irregular, con juegos bastante buenos frente a grandes fiascos, y nos brindaron personajes como James Pond, Bubsy, Cool Spot, Jazz Jackrabbit o Crash Bandicoot entre muchísimos otros.

De entre todas ellas, y exceptuando a Sonic, probablemente la más carismática y la de mejor juego fue Sparkster, la Zarigüella con armadura de Konami que protagonizó el juego Rocket Knight Adventures.

Con el cohete a toda potencia...

En este juego, del año 1993, nuestro protagonista se enfrentará a un ejército de robots y cerdos que además contarán con vehículos y armas especiales para derrotar al héroe. Sin embargo Sparkster no dispone tan sólo de una armadura medieval, si no que además su espada es de energía y un cohete que le permitirá volar para alcanzar puntos elevados. El título de Konami es esencialmente un plataformas al uso en el que además tendremos algunas fases en el que manejaremos a Sparkster mientras vuela continuamente como si de un shooter ’em up se tratase.

En los tiempos en los que yo iba a casa de un amigo1 a jugar a este juego en su recién adquirida Mega Drive (¿o quizás era prestada?) el argumento era el de una princesa secuestrada a la que había que rescatar, el mayor tópico argumental de la historia de los videojuegos y una mera excusa para presentarnos la acción, que era lo que realmente importaba. Al fin y al cabo no jugábamos para ser deleitados con una historia, lo hacíamos para divertirnos. Y este juego era tremendamente divertido.

Sin embargo, a la hora de escribir este artículo he descubierto que en el libreto de instrucciones del juego se explicaba con más detalle el argumento. En dicho manual, que jamás tuve en mis manos, se hablaba de una guerra sucedida en un remoto pasado en el que invasores disponían de una poderosísima nave de nombre The Pig Star. En la victoria del reino frente a los invasores consiguieron sellar mediante magia la nave para evitar futuros ataques y el sello quedó en buen recaudo de la familia real y para protegerlo se creó una élite de guerreros llamados Rocket Knights, a los que se les proveyeron de armaduras, espadas mágicas y cohetes. Muchos años después uno de estos guerreros se reveló con el fin de hacerse con los secretos de los Rocket Knights y obtener la Pig Star, para lo cual secuestra a la princesa para obtener a cambio el sello que bloquea la nave.

Sinceramente, yo era igual de feliz pensando que simplemente había que rescatar una princesa, sin necesidad de guerras pasadas, ni conspiraciones, ni armas capaces de destruir el mundo.

Boxeo robótico, ¿acaso puede salir mal?

La idea era sencilla: saltar y disparar. La espada de energía proyectaba unas ondas hacia adelante que derribaban a nuestros enemigos y si manteníamos el botón de ataque pulsado activábamos el cohete para salir disparados en la dirección que se nos antoje. Y con este simple control recorreremos siete niveles genialmente diseñados en los que nos encontraremos en bosques, castillos, naves aéreas y la típica fase de vagontas2.

Y aunque el control y el concepto sean más o menos sencillos, el juego no lo es tanto. Como en todos los juegos similares de la época, los enemigos finales requerían de una precisión más o menos elevada3 y por supuesto no había posibilidad de guardar partida en ningún momento, obligando al jugador a casi memorizar todo el juego para poder terminarlo de un tirón. No hay que decir que en aquellas tardes en casa del colega jamás fuimos capaces de acabarlo y no lo habría conseguido nunca de no haber sido de los emuladores y sus benditas opciones de guardado4.

Rocket Knight Adventures fue un juego de éxito, que propició que hubiese otros dos títulos con Sparkster de protagonista, la segunda parte directa también para la consola de Sega y un spin-off para Super Nintendo y Mega Drive cuyo título era el propio nombre del personaje. Además el bichejo apareció en otros títulos de Konami a modo de cameo siendo el más recordado el de Snatcher en su versión de Mega CD.

Sparskter tomándose un respiro de sus aventuras en Snatcher

Sin embargo, al igual que la mayor parte de las mascotas videojueguiles nacidas en los noventa, con los años fue olvidado y prácticamente desterrado hasta que reapareció en un par de títulos del montón en el que Konami usaba varios de sus personajes y no volvió a protagonizar un juego hasta 2010, año en el que salió para Xbox 360, PlayStation 3 y Steam el juego Rocket Knight. El desarrollo de este título poco tuvo que ver con los juegos de MegaDrive y pasó sin pena ni gloria entre los aficionados.

  1. Y ocasional lector de este blog. []
  2. ¿Qué sería de los juegos de los años noventa sin las vagonetas? Cuánto daño ha hecho Indiana Jones en el Templo Maldito. []
  3. Hay juegos mucho más exigentes en este sentido, como la clásica y a menudo frustrante saga Megaman. []
  4. De hecho lo jugué emulado en una GP2X, lo que además añade la siempre agradecida posibilidad de jugar tumbado en la cama []

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