Análisis

Rayman Origins

Publicado el 16/09/2012. Escrito por . 1 comentario

Otrora Rayman fue la mascota de Ubisoft, protagonista de un par de plataformeros clásicos y de una infinidad de juegos que trataban de aprovechar el carisma y popularidad del personaje (de buenas a primeras me estoy acordando de un lamentable juego de bolos para móviles de hace algunos años). Con la llegada de esta generación y la aparición del Rayman Raving Rabbids allá por 2006, el peculiar personaje cayó en el olvido en favor de los demenciales conejos y las plataformas se perdieron para dar paso a minijuegos.

Hasta que en 2011 Ubisoft nos sorprende con el lanzamiento de Rayman Origins, un juego que recupera a su mascota como protagonista y además lo lleva al lugar del que nunca debió salir: los juegos de plataformas.

Rayman Origins es de esa clase de juegos que encandilan desde el primer segundo, nada más iniciarlo inunda la pantalla de colores y una música alegre que es imposible no tararear. A continuación una breve introducción en la que se presenta una historia que viene a decir que Rayman tiene el sano y envidiable anhelo de vaguear toda la vida, por lo que tiene que devolver el Claro de los Sueños a la normalidad en lugar del mundo de pesadillas que lo han conquistado.

Las partidas multijugador, por desgracia no online, prometen ser divertidas tardes con los colegas.

Y entonces comienza un juego de plataformas con un estilo de dibujo animado, perfectamente fluido y con una genial integración entre personajes, enemigos y escenarios; todo ello en unas gloriosas dos dimensiones que nos traen el dulce sabor a bocadillo de Nocilla tan propio de las meriendas de los noventa. Tiene las bases de todo plataformero de aquella época, basándose en el salto para poder avanzar a través de la fase y para derrotar a los enemigos en un control sencillo al que cualquier jugador ya está habituado.

Y aunque el juego no necesita más para ser entretenido, a medida que se vaya avanzando aparecerán hadas a las que Rayman deberá rescatar, las cuales darán al intrépido protagonista nuevas habilidades que al usarlas nos preguntaremos cómo podíamos vivir antes sin ellas. La primera es simplemente la posibilidad de pegar, haciendo que no sea necesario saltar sobre un enemigo para derrotarlo y que en combinación con una carrerita convierte a Rayman en una máquina de destrucción por donde quiera que vaya. Posteriormente obtendremos la posibilidad de volar o de correr a tal velocidad que nos permitirá subir por determinadas paredes.

Este sistema de aprendizaje de nuevas habilidades está muy logrado y hace que el juego no sea siempre igual, ofreciendo nuevas posibilidades a medida que se avanza en el título. Sin embargo se le puede echar en cara que no está totalmente aprovechado, ya que una nueva habilidad no tiene apenas influencia en las fases ya superadas. Me explico: las nuevas habilidades nos permitirán avanzar de forma distinta en las fases e incluso superarlas de una forma mucho más rápida (que será muy útil si decidimos superar las pruebas cronometradas), pero no nos servirán para acceder a nuevas zonas del escenario que permitirían obtener algún que otro bonus a los más completistas…

Pero Rayman Origins no vive sólo de las plataformas, en ocasiones cabalgaremos a lomos de Moskito, transformando de repente el juego en un shoot’em up que, una vez más, nos deleitará y nos traerá recuerdos de otros tiempos del mundo videojueguil. Y también tendremos los clásicos enfrentamientos a jefes finales al término de cada escenario, en los que tendremos que atacar el punto débil del enemigo y buena parte del mérito se encuentra en averiguar cómo alcanzar ese punto flaco. Descrito así puede recordar al Shadow of the Colossus y se podría interpretar así, pero de una forma tremendamente colorida y en ocasiones trepidante que hace que mientras juguemos no recordemos para nada al juego de Sony.

Las fases de Moskito se intercalan a lo largo del juego para darle más variedad y diversión al juego.

Todo lo narrado hasta ahora define a Rayman como un buen juego divertido, pero son los gráficos y la música lo que hacen de él un juego con personalidad y carisma: los diseños de personajes (especialmente Globox, esa especie de rana azul que acompaña a Rayman en casi todos sus juegos) y enemigos, sus animaciones o los coloridos escenarios son un trabajo sublime que a menudo arrancarán una sonrisa de nuestros labios. Y la banda sonora, con un estilo diferenciado para cada nivel, es sencillamente genial, pegadiza hasta el punto que parece que se incrusta en el cerebro para no salir de allí jamás. De ella destacan temas como el del título o una del escenario de la cocina, The Dragon Chef’s Belly, que por mucho que los chicos de El Complejo Lambda la maltraten semana tras semana1 no deja de ser tremendamente divertida, o la de las fases de persecución del cofre con patas2 con un banjo a todo ritmo.

Personalmente, no recordaba cuál fue el último gran juego de plataformas que no haya sido creado por Nintendo, había un hueco allí esperando a la aparición de un título que enamorase de la misma forma que lo hacían otros juegos hace quince o veinte años. Y Rayman Origins lo hace, vaya si lo hace, incluso a aquellos que no habíamos jugado previamente a ningún juego del personaje. Desde aquí sólo me queda aplaudir a Ubisoft por aceptar el riesgo que conlleva un juego de estas características, sobre todo teniendo en cuenta que se cambió el planteamiento por el camino (de un juego episódico descargable a un juego completo a la venta física); y celebrar que haya tenido suficiente éxito como para rentabilizar el desarrollo y que haya una segunda parte, Rayman Legends, que esperaremos impacientemente.

Sólo se puede añadir una cosa: por favor, gente del Sonic Team, jugad a Rayman Origins.

  1. Dicho con cariño, que conste. []
  2. A mi me recordó a el Equipaje de Mundodisco, y creo que no fui el único en pensarlo. []

One Reply to “Rayman Origins”

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