Diógenes Digital

Diógenes Digital

Los que fuimos jóvenes aficionados a los videojuegos durante los años ochenta y noventa hemos aprendido a la fuerza dos grandes lecciones que nos siguieron durante toda la vida: que los punkarras con cresta nos quieren dar de leches1 y que no podemos tenerlo todo.

Lo primero con lo que aprendimos a convivir era que nuestros padres sólo nos comprarían una consola. Y lo segundo era que no podíamos andar teniendo juegos nuevos cada dos por tres: uno o dos al año y nos dábamos con un canto en los dientes. De esta forma surgieron por un lado las absurdas luchas de patio de recreo acerca de si es mejor la Megadrive o la Super Nintendo y por otro la envidia cuando un colega nos permitía echarle unos vicios a un juego o una consola que jamás podría llegar a nuestras manos.

Nuestro mayor sueño era poder tener todas las consolas que salieran al mercado para poder acceder a todo el catálogo existente. ¿Por qué conformarse con jugar a los Super Mario cuando también puedes jugar a los Sonic? ¿Por qué desear un rpg de la Super mientras nos damos de piñas en las calles de alguna decadente ciudad futurista? Si tuviésemos todo, podríamos acceder a todos nuestros deseos.

Los años han pasado y muchos de nosotros tenemos la suerte2 de trabajar. Nuestro sueldo nos permite aquellos lujos que nos tenían vetados durante nuestra niñez: ahora podemos comprar la consola que nos salga de las narices y los juegos nos parecen tan accesibles que en un punto de frikismo coleccionista nos permitimos el lujo de comprar ediciones especiales.

¿Los estamos disfrutando? Supongo que la respuesta depende de cada uno. No sé cómo lo llevaréis vosotros, pero a mi el trabajo, la vida social y alguna que otra cosa más no me permite dedicarle a jugar tanto tiempo como me gustaría. Y muchas veces, aunque tenga tiempo, no me apetece especialmente tirarme frente a la pantalla. El resultado: tengo una treintena de títulos de Xbox 3603 y entre el 25% y el 50% de ellos apenas los he tocado. Del resto he jugado hasta el final bastantes, pero la mayoría de ellos los he abandonado al terminarlos en lugar de dedicarme a disfrutarlos al límite4.

Y encima nos encontramos con ofertas de Steam o de Good Old Games que nos ponen a un jugoso precio grandes juegos y clásicos que ya creíamos olvidados. Y en ataques de locura transitoria introducimos el número de la tarjeta de crédito para obtener unos títulos que sabemos que en muchos casos apenas tocaremos, autoengañándonos diciéndonos que seguro que en unos meses tendremos algo de tiempo para ellos. De hecho para poder jugarlos tendría que iniciar mi PC en la partición de Windows, y eso me da una pereza tremenda…

De esta forma vamos creando nuestra biblioteca particular, llena de juegos que no jugamos y que por tanto podríamos decir que son desperdicios que acumulamos en nuestra casa (o en nuestras cuentas) en una especie de síndrome de Diógenes digital.

Por todo esto quisiera lanzar un mensaje a distribuidoras y estudios de videojuegos: por favor, darnos un respiro.

  1. Bueno, vale, puede que esto pase sólo en los Beat ’em up. []
  2. O la desgracia, según se mire. []
  3. Nunca había tenido tantos en una misma consola []
  4. O conseguir logros, malditos logros. []

2 Comments

  • No es culpa de las distribuidoras: es culpa de los padres. Los tuyos y los de los otros niños. Tendrían que haberse puesto de acuerdo para que, en todo el colegio, los niños únicamente tuviéseis una consola, es decir, cada uno la suya pero todas iguales. Así, habrían eliminado el posible “es que fulanito tiene tal otra y mola” y habrían podido comprar menos juegos cada uno, porque podríais haberlos ido intercambiando entre vosotros. Lo siento, pero debes odiar a tus padres por no haber sido previsores y no haber augurado tu futuro de acaparador de juegos sin control.

  • Es una forma de verlo. De todas formas por mucho que los padres se pongan de acuerdo en comprar un solo modelo de consola los niños habríamos descubierto los demás modelos, mediante publicidad, paseándose por una tienda o algún otro chaval de otro colegio. Eso sin tener en cuenta que seguro que en la clase habría algún malcriado con todas las consolas xDD

    Vamos, que como mucho podríamos frenar un poco el ansia, pero no eliminarla xDDD

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